Pocos saben de mi fascinación por la mitología griega. De la cual no me considero gran conocedora. Sin embargo, no le huyo al impacto que causan en mi ciertas historias que, en mi analítico modo de ver la vida, no son mas que historias cotidianas adornadas y convertidas en cuentos de hadas.
He aquí el motivo por el cual he nombrado mi blog "Las alas de Pegaso". Pudo ser simplemente Pegaso; pudo ser un caballo cualquiera... Pudo ser un unicornio... Pudo ser un centauro; pero tuvo que ser "Las alas de Pegaso". Si, Pegaso, el que nació de la sangre de Medusa. Imposible ver el misticismo de esta figura emblemática sin saber la historia de su madre.
Medusa fue una bella doncella (la celosa aspiración de muchos pretendientes). Sacerdotisa del templo de Atenea. Fue violada por Poseidón, Dios griego del mar y de los caballos. Atenea, enfurecida por tal acción en su templo decide convertir los cabellos de Medusa en serpientes y condenarla a que todo aquel que la mirase quedara pétrificado. Luego Perseo por orden de Polidectes fue a buscar a Medusa para cortarle su cabeza. Cosa que logró con ayuda de Hermes y Atenea. Al decapitarla, de la sangre de Medusa nacieron dos criaturas, el gigante Crisaor y Pegaso. Pegaso cuyo nombre proviene de la palabra Pagé la que significa en griego "manantial". Caballo alado indomable que se convirtió en reto para todo aquel que queria dominarle. Una de sus caracteristicas era que mientras volaba movía sus patas como si corriese sobre el aire y tenía el poder de hacer brotar agua en donde pisase. No solo eso, tambien Zeus lo nombro responsable de llevar el trueno y el rayo. Además de ser quien conduce el carruaje de la Aurora... En fin, son muchas las maravillas que rodean a Pegaso. Pero ninguna tan fascinante como que nació de la tragedia.
Pegaso no es un simple caballo que pertenece al dominio de su padre, el lleva alas. Alas que representan la libertad que obtiene el alma una vez que decapita a ese mostruo que nace después de una mala experiencia. Es quien hace nacer la limpieza en todo lugar que toca atraves del agua dulce del manantial. Agua, el elemento de las emociones. Podemos llorar tanto de felicidad, como de tristeza. Y son esas lágrimas en el dolor las que nos limpian de resentimientos y rencores... Son esas lágrimas las que nos desatan, las que nos hacen ser lo mejor de nosotros. Y son esas emociones las que inspiran a las musas de la Fuente Hipocrene, por eso solo aquellos muy conectados al mundo emocional son capaces de oirlas.
Permitamos que salgan nuestras alas... Seamos la diferencia en todo lugar donde dejemos nuestra huella. Llevemos el amenecer a la vida de todo aquel que conozcamos. Seamos tan ruidosos como truenos o rayos, lo suficiente para que se sepa de nuestra presencia. Inspiremos el artista que yace dentro de cada uno de nosotros, no permitamos que las musas mueran de sed... Y muy importante, seamos tan libres como Pegaso, que corre en el aire porque confía en el poder de sus "alas".
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