Erase una vez... dos ranas conversaban en un charco sobre su vision de lo que era el mundo.
-Yo creo que el mundo es un gran charco, mucho mas grande que este.- dice una.
-Yo creo que si el mundo fuese un gran charco entonces este charco donde estamos nos tendria limites. Porque los otros dias yo salte hasta la orilla, me subi arriba de una roca y todo lo que vi fue un horizonte verde con unas cosas mucho mas verdes, muy oscuras al final. Y otras cosas mas grandes encima de ellas; pero que no eran verdes. Parecian una roca inmensa, como muchas de estas chiquiticas juntas.
En eso pasa una pantera a tomar agua al charco y las ranas en su curiosidad le preguntan si ella sabe como es el mundo. Esta, que siempre esta sola y no sabe mucho sobre el arte de convensar les responde:
-Si se como es el mundo, el mundo es un campo grande que existe entre esas montañas que se ven a lo lejos y este charco.- despues que les responde eso se va con aires de grandeza ante la mirada de asombro de las dos ranas.
Estas, que se quedaron con mas preguntas que respuestas deciden preguntarle al proximo visitante que vieniese a tomar agua. Al rato llega un pato que nadando pasa por al lado de ellas. A lo que las ranas impacientemente le preguntan si sabe lo que es el mundo. El pato, que migra todo los años les responde:
-El mundo es un lugar frio y caluroso. Que cambia cada vez que se da cuenta que yo emigro. Se divide por esa montaña que esta a lo lejos.- y un poco preocupado se va, pensando que pronto el mundo se daria cuenta de que el se fue y volveria a cambiar su clima.
Ninguno estaba en lo correcto de lo que era el mundo; pero ninguno estaba equivocado. Cada uno describio al mundo segun sus experiencias, segun sus perspectivas. Por eso, nuestras opiniones no se deben basar en las vivencias de otras personas. Solo nos pueden ayudar a saber la naturaleza de cada cual y su forma de vida. Quizas, con la opinion de otros podamos crearnos nuevos horizontes; pero no sin antes saber cuales son nuestros propios intereses. Y mas importante aun, saber el verdadero motor de nuestras inquietudes. La realidad, al igual que todo en la vida, es relativa. Depende, como dijo Campoamor "del cristal con que se mira".
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